sábado, 1 de noviembre de 2008

Amélie

La comunicación transforma la cotidianidad


La película Amélie es una buena muestra de la fuerza de la comunicación para transformar situaciones de la vida, incluso en circunstancias que aparentemente son tan simples pero que suelen ser en últimas tan complejas, como la cotidianidad, la rutina.

Esta cinta expone el poder de la comunicación para transformar incluso realidades que parecen muy arraigadas en la historia de las personas, como su propia personalidad.

En este sentido, el primer asunto fuerte que se le presenta a la protagonista son los problemas de comunicación interpersonal en su hogar. Su padre la aisló del mundo exterior, porque supuestamente ella padecía una enfermedad cardíaca, cuando lo que le sucedía a Amélie era que, como su padre rara vez se le acercaba, cuando lo hacía, el ritmo del corazón de la niña se alteraba y los latidos se hacían mucho más fuertes.

Este aislamiento de Amélie desde niña, generado por las falsas deducciones de su padre, hizo que la pequeña creciera en un ambiente de soledad y represión. Además, su madre había muerto, por lo que se debía someter a las reglas de su padre.

El encierro que vive Amélie en su infancia es el mismo que experimenta Raymond, el pintor, que se dedica a estar en su apartamento con sus pinturas, pero con una profunda angustia: no poder comunicarlas al exterior.

La película enfatiza en el encierro de estos personajes, dando a entender que el encierro, en tanto aislamiento, es uno de los principales obstáculos que encuentra la comunicación, y consecuentemente, uno de los principales problemas para el ser humano a la hora de buscar momentos de felicidad.

Pero estas situaciones problemáticas comienzan a transformarse cuando Amélie decide atreverse a conocer el mundo, mediante diferentes formas de comunicación. Esto, teniendo en cuenta que si no hay comunicación, no se conoce al otro, y por ello se crean tantos prejuicios y temores con respecto a las demás personas.

Amélie comenzó a comunicarse con el exterior con la palabra hablada, que la utilizó para describirle el entorno al ciego y crearle imágenes mentales. También se valió de videos, con los que Raymond logró abrir su mente y desligarse del cuadro de Renoir, que era su obsesión.

Mediante un gnomo de madera que le fascinaba a su padre, Amélie logró que éste por fin decidiera emprender un viaje por el mundo. Aquí la película muestra el principio fundamental de la comunicación: llevar a la acción. La estrategia de comunicación empleada por Amélie obtuvo la respuesta esperada de su padre, que en este caso era el perceptor del mensaje.

La palabra escrita también fue utilizada por Amélie como forma de comunicación con el exterior. Ella la empleó para transmitirle sus mensajes a Nino, aquel muchacho que tanto le interesaba.

A propósito de Nino, hay que señalar que él encontraba la comunicación de una manera curiosa: coleccionando las fotografías que sobraban en los fotomatones. Estas fotografías le comunicaban a Nino ideas fuertes y por eso las coleccionaba. Con ellas se explicaba diferentes cuestiones de la vida.

Estas fotografías, los videos que Amélie le regaló a Raymond, la palabra escrita, y el cofrecito que encontró Amélie en su apartamento y que contenía objetos de un hombre que había vivido hacía 40 años allí, constituyen formas de preservar la memoria, de tomar pedazos de la existencia y congelarlos, de modo que representen, más que el recuerdo, el mismo instante vivido.

Estas formas de preservar la memoria, de quitarle algunas vivencias al recorrido vertiginoso del tiempo, de tratar de dejarlas para nosotros mismos en vez de dejar que Cronos se las trague, constituyen formas importantes de comunicación, porque generalmente llevan a la acción, ya sea al llanto, la risa, la burla, la reacción rabiosa, al recogimiento de una familia o de un pueblo entero alrededor de un monumento o una tradición.

Así, la película muestra cómo de diversas formas, la comunicación transforma la cotidianidad y la vida misma del ser humano, en este caso visto desde los ojos de unos personajes con angustias basadas fundamentalmente en problemas de comunicación.

Por ejemplo Hipólito, el escritor, se sentía frustrado porque sus escritos no lograban comunicar nada. Y se emocionó cuando vio una de sus frases pintada en una pared de la calle: “Sin ti, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las emociones de ayer”.

El hombre que había dejado su cofrecito enterrado en el apartamento de Amélie también se sintió pleno al recuperarlo, porque se trataba de una maravillosa herramienta de comunicación, puesto que le permitió nada menos que recuperar también una parte de su memoria, de su existencia.

La comunicación también ayudó a atenuar un poco la angustia natural que mantenía el ciego al encontrar todo el tiempo su entorno convertido en tinieblas. Mediante la palabra hablada, Amélie le describió el entorno, le creó imágenes mentales que al menos le dieron al ciego un poco de seguridad y alegría al saber qué estaba sucediendo a su alrededor. Así, la comunicación de Amélie logró disminuir un poco la angustia existencial del ciego.

Pero con Amélie pasaba algo particular: ella facilitaba la comunicación a los demás y, con esto, les propiciaba momentos de felicidad. Sin embargo, a la hora de comunicar sus propios sentimientos y buscar su propia felicidad, le era más difícil. Esto sucedió cuando ella se interesó en Nino. Ahí, ella prefería un encuentro casual con él a una presentación directa. Era tímida en ese sentido.

No obstante, mediante la palabra escrita, ella estableció una buena comunicación con Nino, y por tanto logró la respuesta esperada de ese perceptor del mensaje. De esta manera, Amélie pudo comunicar sus propios sentimientos y alcanzar momentos de felicidad.

Y la comunicación también fundamental para transformar su cotidianidad, para dejar ese encierro permanente en que se mantenía, esa soledad constante, y poder conocer el mundo exterior y por tanto conocerse mejor a sí misma.

Pero además de mostrar cómo la comunicación transforma la cotidianidad, Amélie es una película que comunica de diversas y muy poderosas formas, como la voz en off, esa narración permanente que describe situaciones y lleva el hilo conductor de la historia; la caracterización de los personajes, que los hace muy cercanos a los comportamientos reales del ser humano; y la fotografía estética e impactante, caracterizada por la fuerza de los colores y el contraste entre la oscuridad y la luz.

En lo que constituye quizás la más grande especulación, hay que decir que con este contraste permanente entre la oscuridad y la luz, Amélie pareciera representar la transición de la Edad Media al Renacimiento.

Esta película expone personajes encerrados en lugares en los que prima la oscuridad, como la misma Amélie y el pintor Raymond. Esta oscuridad, pero a nivel intelectual, fue la misma que predominó en la Edad Media, época dominada por la Iglesia Católica y en la que aquél que pensara distinto a ella era perseguido.

En su encierro, antes de descubrir las maravillas de la comunicación con el mundo exterior, Amélie se refugiaba en su imaginación y por ello sentía temores frente a la realidad. Vivía en un ambiente de soledad y represión, represión que se vivió en grados extremos en la Edad Media.

Similar a lo que sucedió en la transición de la Edad Media al Renacimiento, Amélie sentía temor para enfrentarse a la realidad, pero poco a poco fue conociendo el mundo. Se asombraba con detalles tan pequeños como meter la mano en un bulto lleno de granos.

No le gustó el sexo que tuvo con sus novios. En la Edad Media el sexo no era bien visto, era señal de pasión descontrolada, de descuido del alma, y por tanto remitía al concepto de pecado.

Pero el hallazgo de Amélie de ese cofrecito que estaba enterrado en su apartamento hacía 40 años, parece representar el clímax en la transición de la Edad Media al Renacimiento.

Con la aparición del cofrecito, Amélie comienza a ilusionarse, a despejar tantas tinieblas de su vida. Partiendo de la entrega del cofre a su dueño, ella pensaba ayudarles a muchas personas a ser felices. Y efectivamente lo logró, porque mediante las formas de comunicación que implementó con personas como el ciego y Raymond, ayudó a que ellos tuvieran momentos de felicidad.

La comunicación entre Amélie y las personas de su entorno, representó para todos lo que representó para el ser humano el Renacimiento: la llegada de la luz, del conocimiento, volver a nacer intelectualmente después de un período de oscuridad y represión.

Entonces: desde la demostración de que la comunicación transforma la cotidianidad e incluso la vida entera de las personas, demostración hecha a través de las situaciones de la historia, de la caracterización profundamente humana de los personajes, y de la extraordinaria fotografía; hasta la posible representación que hace de la transición de la Edad Media al Renacimiento, Amélie constituye una película protagonizada por lo comunicacional.

Desde la comunicación interpersonal, hasta la utilización de medios técnicos como la fotografía y el video, pasando por las angustias existenciales de las personas, generadas por problemas de comunicación, Amélie es un filme que expone la importancia de la comunicación en tanto proceso que motiva la respuesta del perceptor, su acción. Y a partir de ahí, transforma la vida de los sujetos participantes en el proceso.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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